Promesa Eterna...





Estaba anocheciendo mientras caminaba solitario por el puente que cruzaba aquel río que nos refrescó en más de una oportunidad, cuando recorríamos el bosque por las tardes buscando orquídeas y mariposas para continuar nuestra amplia colección y así decorar más la cabaña con elementos naturales que tanto te gustaban. Ese manto oscuro y frío de los meses de invierno, se dejaba sentir, subía el cierre de mi chaqueta y sacaba los guantes de un bolsillo, las hojas de los árboles se movían tiritantes y pequeñas estrellas fugaces jugaban en el cielo entre destellos y la oscuridad circundante.

Me detuve en medio del puente y me senté en ese banquito que, realizado con troncos cortados logré armar y colocar, para sentarnos eventualmente a disfrutar del sonido del agua arrastrando sentimientos río abajo. Pensativo, ido de la realidad, recordaba tu sonrisa, sonreía al hacerlo, esa sensación de tenerte a mi lado era indescriptible, podía sentir tus manos frías recorriendo mi pecho en busca de calor mientras mordías suavemente mis labios. Recordaba tu cuerpo cubierto por el mío cuando por primera vez hicimos el amor al lado de aquella fogata bajo las estrellas, como tiritabas al comienzo mientras te llenaba de caricias recorriendo tu hermosa geografía, deteniéndome a degustar cada rincón delicioso, saboreando tu deseo, quemando mis pensamientos en tus entrañas hasta temblar extasiados y sonrientes, y terminar abrazados, desnudos, fusionados como Uno, con los muslos tejiendo ilusiones bajo una manta impregnada de amor eterno.

Venía a mi mente recuerdos sonoros y tu voz se mezclaba con aquella canción que solías dedicarme, susurrante, sugiriéndome te abrazara suavemente mientras aumentando cercanías me hacías tuyo, delirante marcabas tu terreno con letreros de pasión, incrustando en mi pecho, palabras y frases que delineaban las fronteras entre el resto del Universo y mi cuerpo que te pertenecía, sembrado de sensaciones a la espera de una seductora cosecha.

El río, ahogaba soledades, y su afluente invadía las playas de mis recuerdos, convirtiéndote en la espuma que bañaba mi arena y se colaba por mis poros hasta mis adentros... La noche, se debatía entre el incesante atardecer que ya había pasado, y un amanecer inminente que me contaba, entre azules diversos, que el tiempo había dejado atrás la espera y tu presencia se conjugaba entre los árboles y los caminos, y la brisa matutina, me regalaba tu aliento en la distancia.

Al acercarme a la cabaña, un leve sonido se dejaba escuchar detrás de las paredes... Era el sonido de un corazón enamorado que esperando a su alma gemela, había luchado agua, mar y tierra, para estar a su lado, con la promesa eterna de regalarle sus días....y sus noches... para amarlo...




José Rafael Rivero ® Todos los Derechos Reservados




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